30 julio 2007

¿QUÉ HA SUCEDIDO?



¿Qué ha sucedido en ese oscuro lugar? Es un misterio. Es preciso que las fotos para ser reflejo de algo real hayan de formar parte de los estratos de vidrio.
En la gran confusión del mendigo, la elección es muy difícil: ¡Lágrimas o besos!
El silencio del asfalto, la quietud de los segundos, el letrero caído sobre el borde del tiempo, las huellas del pecado, el desconocido poeta que llora sobre la imagen prohibida, el óxido de los años, la alquitranada idea del regreso, el calor de los cuerpos en el vertedero del olvido, el frío de los besos, el origen de la voz que se repite, todo es, la princesa de la foto, ternura desnuda, lágrimas muertas, lunas en su minuto feliz, calle desierta.
Atho, ese impulso solitario, corteza de lodo, corazón de pasos rotos, está perdido. Por cada silencio, aliento de vuelo, vuelve a empezar entre sarmientos de vida. Errores de niño que cuenta con sus dedos el eterno rumor de los mares.

ATHO

19 julio 2007

VARIOS CIELOS NOS SEPARAN


Varios cielos nos separaban. No encontrábamos a los amigos que se escondían tras un apodo. Arrancados de un contenido fatal, fuimos una quietud ligera, rígida. La juventud daba reposo a la esperanza bajo un círculo lleno de penas. El tiempo que pasa golpeaba montañas de oscuridad. Y era hueco. Acallar su estrépito, pensar, llenar de tristeza los cubos de basura, era nuestro sino.

Aquí al lado, el río brioso está lleno de risas de espuma. Mis penas intactas, junto al barranco del vicio, están llenas de buitres. Me voy a ir desierto. No quiero buitres, ni tristeza, ni al pasado que pasó. No existe la felicidad para mí. Me voy.

Cobardía y amor anidaron fuera de nosotros. Nunca en alguna inmensidad nos perdimos fuera de las estrellas. Destruimos un amor que nació al margen del Edén. Las caricias fueron gloria que atascaba nuestras almas. El sonido de los besos enmudecieron por donde se cae el olvido.

Amores áridos, fríos, melodías tristes, que nos adormecía.

Los fantasmas que nos acorralaban, marchitando rosas al amanecer, dejaron olvidadas sus cadenas sobre la senda de nuestra perdición.

Ahora las estrellas caminan sin rumbo, las hojas de los árboles tiritan. Nunca conoceremos que nos tiene reservado la providencia, esa quimera de arrugas majestuosas, que nos ayude a escapar del castigo.

No te recomiendo que regresemos, nuestro castillo se ha perdido entre las brumas del infierno...

ATHO