24 julio 2008

DE LA AMISTAD AL AMOR

La luz empuja un azul con estrellas hasta perderse en la última montaña. Las hojas color de té, ya pueden despertar; es hora para ver amanecer en el valle, y a los pájaros sobre las ramas. Un sendero sin sombra, arruga de una tierra que espera la lluvia desde hace ya mucho tiempo, se pierde en el infinito. Sus recuerdos amorosos, como cucarachas rubias, tienen alas, pero, no pueden volar.

La puerta abierta, en un tiempo de libertad, ve sobre el horizonte, como la primera luz teje múltiples pétalos de pálidas violetas. Hay poemas hermosos de profunda tristeza, allá, lejos, donde acecha la eternidad. Entonces, aparecen otra vez sus pensamientos, y deja que crepiten mientras el día empuja a los gorriones fuera de sus nidos.

Callaba, y él, que la miraba, sentía que las palabras sobraban. Sobre la levedad de la quietud, pensaba que perdería su amistad si en ese momento no la abrazaba con cariño.

¡Qué grande es la amistad y el lenguaje sin palabras!

Por fin ha comprendido. Por fin, sale de la senda de la amistad, penetra en el bosque fragante del amor, y sin permiso, la besa con pasión en un abrazo imposible. El amor es un viento vertical que no controlan los dioses y sí, la luna llena. Si no fuera así, quizás él, se dedicaría a escribir sobre la tristeza.

Atho

14 julio 2008

NI AMIGOS NI CAÑAS.

Qué importa este sol que consume entre sus carcajadas la belleza de los árboles.

Y el imbécil que mira, qué.

No es posible. Otra vez el perro vagabundo en el mismo sitio.

Para mi, que está esperando a la perra del bar.

Que me puede importar. Que Babilonia estuviera rodeada de palmeras, surcada por el río Eúfrates y protegida tras unas murallas de siete metros de grosor, sí, pues, eso tengo anotado en el cuaderno.

Ha empezado el verano. Nada de ganas de escribir relatos, ni... de seguir esta tontada.

Bueno, el perro se ha cansado de esperar y yo también. Me voy a ver si encuentro algún amigote para beber unas cañas.

Ni amigos ni cañas. Solo ver el río como pasa sin decirme nada bajo el puente de hierro. Alguien a tirado un ramo de flores a la corriente, y un remolino se lo está tragando al lado de una de las pilastras abrazadas por ramas secas.

Prosigo mi camino, espero no encontrarme con ningún conocido. ¡Vaya! pero, ¿no es el perro vagabundo el que me sigue?

-¿Qué buscas?

- ¡Guau, guau, guau... !

-Está bien, vamos, yo también estoy solo.

- ¡Guau...!


-Verás, trato de escribir un relato largo, y solo sé cosas cortas tal vea, eso sí, poéticas, pero ya no me satisface mucho. ¿Pero como formar el esquema? ¿lo sabes tú?

-¡Greeeeeg....!

-Bueno bueno, no gruñas, no levantes la oreja derecha que se te ven las garrapatas.

-¡Guau, guau....!

- Quisiera escribir sobre los jázaros, sobre ese pueblo tan misterioso... o tal vez recopilar las cartas que escribí cuando era un Cazador de Sueños, tras abandonar mi ocupación de Escriba del faraón, en busca de aventuras por todos los territorios que me llevó el viento intemporal. Mira una terraza en ese bar... vamos, pediré un cerveza, esta vez con alcohol, no tengo que conducir. Te pediré para ti unos huesos de las sobras de comida.

-¡Guggg, guau, guau...!

- Esta bien, no me frotes la cabeza en el pantalón que me saltaran los parásitos. Bueno, vale, te sientas aquí, y no te muevas. ¡Por favor, traiga una mediana y, si es posible algunas sobras para mi amigo!

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-Vamos, te llevaré a casa y te bañaré, te voy a comprar algún líquido en la farmacia para limpiarte esos parásitos.

-Guau, guauuuu.....!

-Sí, sí, somos amigos. Vamos.

ATHO