11 diciembre 2012

UN SUEÑO BAJO EL SAUCE DEL GNOMO TRISTE

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Abrió la ventana, el frio nocturno le hizo tiritar. Unas cuantas estrellas y la luna llena, iluminaban el paisaje. Se sumergió en un delirio.

Se oyen pasos en las aceras de su recuerdo. Antes de que la oscuridad devore las huellas, él sigue nadando en las brumas de la nostalgia.

-¿Por qué quieres huir de nosotras? –gritan las huellas.

-Quiero saber que pasó aquel día.

-¿Qué día de tantos, de tantos perdidos?

-De aquel día que las golondrinas volaron en busca del momento propicio para decirle que la quería.

-Fuiste un cobarde. Nunca lo sabrás, aquel momento se disolvió en una lejanía extraña.

Los pasos se sumergieron en un charco de luz de luna y se borró su rastro.

Cerró la ventana y se sintió solo en el mundo. La herida de las palabras escuchadas en su mente había sobrepasado el umbral del dolor.

Mi alma será mía, sentiré el deleite de la libertad. Tu recuerdo será triste, descolocado, será un cisne negro –pensaba angustiado.

Su silencio lleva plantado el recuerdo del último abrazo cuando se dijeron:

-¿Quién abrió tus ilusiones de amor desmedido?

-He perdido la confianza en ti. -Lejos de la resurrección del amor, esta solitaria calma en la esperanza de hallar la entrada al paraíso de los sueños, es imposible. De este otoño de relatos tristes, quedarán brasas humeantes, y, del sonido de las gotas de lluvia, el recuerdo de tus caricias.

-Prendí mi alma de tu sonrisa para morir de amor oliendo a primavera, sentir el vértigo de tus besos en mi rostro, y, se descolgó empujada por un viento de tortura, tu espesa indiferencia.

Ahora, en este momento, no tiene el candil encendido. Y dentro del foso, recuerda aquella idea: el sol se apaga en la ausencia desnuda de los cristales, sin solución, sin secretos que jueguen con nosotros, sin luces que alumbren el paraíso, todo se hunde en una cerradura negra.

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