14 mayo 2006

NO TENGAS MIEDO A AMAR

Chorche deseaba oír el crujido de las hojas ocres que divisaba desde la ventana. La oscuridad de la habitación le comprime aún más ese pensamiento. Una espesa niebla que estremece el amanecer no deja ver como duerme el horizonte rojo sobre los viñedos.
El instinto sexual de Ofelia, después de tanto tiempo sin sentirlo, se adueña de su cuerpo, y se prepara para recibir las caricias de su amado Chorche.
Empieza a llover. Un sapo, con la lentitud de un monstruo, salta desde la verja de la pérgola al pozo vestido de hiedra.
Toda aquella indiferencia infinita que siempre aparecía en momentos idénticos, se había convertido para él en una pesadilla.
No sabe como amar.
Surgen colores que alteran el paisaje haciéndolo bello. Un gato negro subido en un banco de la alameda, maúlla, cruza el camino que lleva al río, y no lo estropea.
Ella sigue tumbada en la cama solo cubierta con los primeros rayos de luz que se cuelan peleando con la oscuridad.
Parece trágicamente ansiosa. Chorche, se sienta a su lado decidido a romper el maleficio.
Cuando se busca algo, en alguna parte, en el laberinto del amor, siempre ves llorar a alguien con el llanto de los poetas.
¿Cómo puede Chorche, pues, encontrar el camino que le lleve a la pasión de Ofelia?
Por fin el día escancia rojo vino sobre el paisaje. Los pensamientos que fermentan silenciosos como fiemo que humea fétido, se diluyen con la visión de la figura de Ofelia, tan cerca, y tan palpitante.
Las caricias que está recibiendo del hombre que ama, le producen un cosquilleo de alas de mariposa, los temblores de placer le hacen tambalear las columnas de sus muslos, hasta ese momento, guardianes de su templo de amor, alejado de esos misteriosos y obscenos callejones de la lejana ciudad.
Chorche y Ofelia se besan. El gato negro se ha colada por la ventana. Tumbado sobre uno de los bancos de madera que limitan el lar, los mira con la cabeza apoyada en sus patas delanteras.
De las pupilas de la pareja saltan relámpagos que se cobijan en el sagrado territorio de sus sentimientos más íntimos, y se funden amor y sexo.
El viento que viene del bosque donde se posan las brujas, no consigue interrumpir el ritual de los cuerpos de Chorche y Ofilia.
El gato negro se ha dormido.

José Álvarez “ATHO”
11-03-2006
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