09 marzo 2007

OTRO AMOR



A la lumbre acerada de tu voluntad no niegues la primavera de ese amor, no pongas palabras de misterio, está sucediendo el milagro, vuelve la esperanza con aromas de mies recién segada y colores de valles ansiosos de azul y sol. Se está despertando una luz que espanta una negrura ayer eterna y miserable que hoy explota en un gran amor iluminando sueños que nadie ha escrito todavía sobre la tierra fértil de la esperanza en ese amor tan deseado.
Debes partir otra vez hacia el horizonte de los deseos. Vivir sin reproches, traspasar el muro de la oscuridad que te aprieta el alma.
Nadie preguntará por ti cuando estés de regreso en el país de la felicidad, allí donde habita el eco de los sueños que limpios como sonrisa de lluvia dejaste sin esperanza de poseerlos otra vez. No esperes más.
Ese amor te llevará por un camino entre bellas frases que perdiste sin poder entregarlas, hacia la sublime compañía de tu nuevo amor, sin la mirada de los que quedarán sin ti.
Bebe de su copa sin temor a la noche, ese amor hará interminable la senda hacia las estrellas. Sin tus caricias, tus lágrimas, tus promesas infinitas y los pájaros de colores que os acompañarán, moriría olvidado para siempre. No puede permanecer por más tiempo oculto en algún pliegue del tiempo, entre las almenas algún castillo de ilusiones como el que has habitado esperando su llamada.
Todo el mundo tiene derecho a amar, lo que parece desmedido es sacralizarlo, identificarlo con la divinidad, de tal modo que si alguna vez termina, como si fuera un ídolo de barro, arrojarlo, destruirlo, para que nadie lo venere.
No se puede romper la realidad humana, el amor es tan efímero como el relámpago.
Desear que el amor sea eterno implica una falta de confianza en la probabilidad de poder encontrar otro amor tras perder el primer o anterior.
El amor nunca es justo, completo, agotado y cabal. Es la historia contada por un dios que olvidó dejar la solución.
Atho de Jazaria
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