
Bienvenidos.Las ramas de mis pequeños relatos penetran hasta la profundidad del silencio. No temais. Las hojas son tiernas. Hasta los cuervos que mordisquean el fruto no notan mi presencia. Al final del camino, una luz y un roble. Mi alma, sin prisa, parece no querer llegar. アトオ ATHO DE JAZARIA
26 febrero 2007
14 febrero 2007
EPISTOLA DE AMOR

Querida Ana:
Quiero guirnaldas de besos entre tus dedos para que me los devuelvas cuando acaricias mi cuerpo con tus manos de alondra. Que tus ojos, paisajes de olivos y almendros, fértiles en sueños y misterios orientales, no dejen de mirarme.
Quiero estar a tu lado, único lugar donde el mundo carece de sombras. Bañarme en tu risa, donde un millón de cosquillas hacen tiritar de alegría. Que me estreches entre tus pechos que huelen a mies recién cortada.
Quiero por almohada tu vientre de luna, ternura y espuma blanca, para que mis sienes, preñadas de madrugadas soñadas, alumbren pensamientos de calma. Si tu lámpara de amor proyecta sobre los rincones de mi alma, la esperanza de la pequeña muerte, quiero morir hasta el alba.
Quiero ir contigo donde vayas. Si el destino te lleva a las estrellas antes que a mí, espérame donde van los sueños, a ese lugar remoto donde no se vuelve jamás, al otro lado del laberinto que existe en los confines de la soledad, allí nos transformaremos en un eterno silencio de amor. Mis pasos estarán siempre tras ese instante donde no se sabe si es el amor con su locura, que da un miedo terrible, o la pasión, conjuro de todas las magias, atormenta conocer la verdad de lo sentimientos.
Mientras se anda hacia el final, la gloria de poder volver a amar al otro lado, cierra las puertas a la desesperación.
Quiero guirnaldas de besos entre tus dedos para que me los devuelvas cuando acaricias mi cuerpo con tus manos de alondra. Que tus ojos, paisajes de olivos y almendros, fértiles en sueños y misterios orientales, no dejen de mirarme.
Quiero estar a tu lado, único lugar donde el mundo carece de sombras. Bañarme en tu risa, donde un millón de cosquillas hacen tiritar de alegría. Que me estreches entre tus pechos que huelen a mies recién cortada.
Quiero por almohada tu vientre de luna, ternura y espuma blanca, para que mis sienes, preñadas de madrugadas soñadas, alumbren pensamientos de calma. Si tu lámpara de amor proyecta sobre los rincones de mi alma, la esperanza de la pequeña muerte, quiero morir hasta el alba.
Quiero ir contigo donde vayas. Si el destino te lleva a las estrellas antes que a mí, espérame donde van los sueños, a ese lugar remoto donde no se vuelve jamás, al otro lado del laberinto que existe en los confines de la soledad, allí nos transformaremos en un eterno silencio de amor. Mis pasos estarán siempre tras ese instante donde no se sabe si es el amor con su locura, que da un miedo terrible, o la pasión, conjuro de todas las magias, atormenta conocer la verdad de lo sentimientos.
Mientras se anda hacia el final, la gloria de poder volver a amar al otro lado, cierra las puertas a la desesperación.
11 febrero 2007
LUNAZUCENA
Una luna azucena que aprieta cerca del río, es como su cáscara. Como una eufrasia, blanco sus cuerpos, púrpura sus rostros, puntos amarillos en sus pupilas.La corriente tranquila; sus anatomías transidas.
Y ahora el balanceo, perigeo de sus cuerpos, reciben el deleite sexual depositando secretos, de caricia en caricia, sobre la piel.
El bosque, virgen de luces de vieja luna, duerme siempre entre ellos.
Y se desdoblan; y eso les prepara para el estallido.
Nunca en ninguna parte se fueron entre nenúfares en busca de otros paraísos.
ATHO
11.09.2006
03 febrero 2007
LA DESDICHA SEGURA
Amamos fuera de la vida real. Tratamos de recoger perfumes del valle alejando la horca femera.Aquella tarde, la soledad de la cala, indiferente a nuestros abismos, contemplaba nuestros cuerpos. Caricias tiernas de un amor en agraz, lumbre de una hoguera que rechazaba sombras y arropaba un insulso silencio.
Surcos impuros de las sonrisas, recordaban las líneas ásperas que dejaron las mentiras que nos dijimos.
Como susurros de hechiceros, se desvanecieron agónicos, aquellos amores fingidos.
Deshojábamos futuros, con nada. Fuimos raíces hundidas en un amor adocenado, tan apretado, y tan aburrido, como el más cobarde de los anónimos.
¿Dónde posó su sombra el ruido esperanzador?
¡Aquella noche perdí la audacia! A veces, los horizontes cristalinos me desbordan; protegen lo que adoro, y yo, impasible.
Ese amor herrumbroso hubiera sido bruñido y estable, en el secreto. No hay círculo. Solo eternidad negativa. Y muero derramado.
Ni andrajos ni ángeles; desconfío y creo;
huyo allí donde dudan las veredas milenarias.
Me descalzo tranquilo de mis sandalias ociosas.
En estos escritos inestables, infecundos,
brilla una realidad extraña.
Camino adelante aún cuando me ciega el polvo del lenguaje.
ATHO
LA LOCA DEL PUEBLO
Empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. Los gorriones han revoloteado todo el tiempo en la plaza del pueblo. Se resguardan bajo el alero de los tejados de pizarra. Unas mujeres, rostros y manos surcadas por arrugas interminables, han dejado de tejer una manta multicolor. Con paso vacilante de sus piernas sarmentosas, se dirigen también a cobijo. Los pájaros siguen quietos bajo las losas del tejado y las viejecitas quietas sobre las losas de los patios.Las hojas del nogal de la plaza brillan, reflejan colores de arco iris. Una mujer joven y muy hermosa, se acerca al árbol solitario. Gorriones y ancianas miran sin moverse, sin decir nada. Es la tonta del pueblo. Le tienen mucho respeto a su locura. Dicen que es hija de la noche y del río. Y los días de lluvia canta canciones tristes. Nadie sabe donde vive. Algunos pastores la han visto y oído hablar con los pájaros. Y en las noches de luna llena baila sobre las aguas de los lagos de la montaña.
Se dirige bajo el nogal, se arrodilla, lo abraza con sus manos trasparentes. Cesa la lluvia y el sol ya se ha sumergido sin fuerza en la lejanía.
En su espalda empiezan a crecer dos alas largas. Alas de plumas blancas mezcladas con bellas hojas de nogal. Un verde que dibuja geometrías de magia hechicera.
Se pone de pie.
Por la calle que lleva del río a la plaza, aparece un unicornio rojo. La recoge en su grupa y se van volando por el camino que siguió el sol.
Las viejecitas están contando la historia. Nadie les hace caso. Los gorriones siguen jugando y las ancianas empiezan otra manta a cuadros de colores.
ATHO.
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