22 junio 2009

DEJÓ DE AMAR



Los colores del brezo.
Los destellos de mariposa de su cuerpo sexual.
Caricias bañadas en su mirada de espuma azul.
¿Qué se llevará el río el cercano otoño?

La calle, la calle me conoce, y yo, su ventana.
¿Por qué no cesa la lluvia?
Es inútil, me voy.

Separados, huye el amor. En la lejanía, la nostalgia cautiva.
Sí, el amor que robó, le consumió.
Dejó de amar, permaneció muda.

Buscar vueltas a esta realidad me hunde en el vacío.
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20 junio 2009

SENSACIÓN


El acantilado lleno de gaviotas.
La montaña, para mi alegría, grita.
La calma ha retenido el viento entre los sauces tras acariciar la mies.
Sensación de mirada sumida en otra persona.
Otro amor.
Así, la tierra es fea, recuerda un vertedero de escombros.
Seguirá ahí cuando me vaya.

11 junio 2009

BESTIARIO

Cuando vio aquella sirena de hermosas trenzas, cuerpo de doncella hasta el ombligo y cola de pez, fue tan fuerte su impacto amoroso, que la magia prendió en su corazón antes de que llegara de un coletazo a su lado, fue como el veneno de la serpiente alada de Arabia, tan fuerte, que la muerte sobreviene antes de sentir la mordedura. Sobrevino el amor antes de sentir su cercanía.
Los arcos y flechas que lleva el sagitario han caído al suelo. No deja de piafar. La sirena de espléndida figura ha iniciado un dulce canto. La tormenta que se acercaba huye. El centauro, inclina sus patas delanteras, no puede aguantar el prodigio de la canción, ni la hermosura de sus brillantes pechos. Por fin cae sumergido en un profundo sueño. La sirena se lanza sobre el cuerpo mitad hombre mitad caballo y lo despedaza.
Un unicornio ha contemplado la escena. Ha acudido al olfatear la virginidad de la sirena. Su sola contemplación le produce sopor y, antes de caer en un profundo sueño, es recogido en las alas que le han surgido a la sirena a la altura de su ombligo.
El aire se ha vuelto ardiente. Está sobrevolando sobre la pareja, un dragón. Inicia una serie de coletazos con el fin de golpear al unicornio y a la sirena que lo acuna. Lanza fuego por sus ojos largos. Consigue devorarlos a lengüetazos. Se queda dormido con su monumental boca, abierta llena de hileras de dientes.
Del rio Nilo sale hydros, se revuelca en el fango cubriéndose totalmente sus múltiples cabezas, y aprovechando lo resbaladizo del barro, penetra por la boca de draco, y llegando al interior, destroza los intestinos y todas las entrañas. Satisfecho, sale por el mismo sitio que entró y se sumerge en las aguas del rio.
Un águila, ya envejecida, sobrevuela el cielo que refleja el Nilo, sus ojos empiezan a ser mortecinos, pero aún le permiten ver al hydro en las profundidades de las aguas. Se lanza y los captura con sus fuertes garras, ahoga con el curvo pico las cabezas, y los lleva como alimento de sus pañuelos.
Pasado un poco tiempo alza su vuelo a una altura considerable, se incendia con el calor del sol. Sus alas arden. Pero, aún le da tiempo de volar hacia Oriente. A la vista de una hermosa fuente de aguas claras, se sumerge tres veces y sale en plena juventud. Al pasar por un golfo de la corriente marina, se unen a ella dos grifos de la zona de Hiperbórea. Sus patas de león sujetan cada uno de ellos un buey vivo. Antes del anochecer se han separado, los grifos se dirigen a un lugar inaccesible a custodiar oro y piedras preciosas. El águila, a mirar el sol, que más luce y contemplarlo sin cerrar los ojos.
Tras conocer esta historia que os he contado, amigos, ruego no actuéis como comadrejas, que conciben por las orejas y paren por la boca. No todo lo que se capta por el oído y se lee por los ojos, debe propagarse por la boca.
ATHO

05 junio 2009

LLUVIA AFUERA Y YO SIN PARAGUAS




Afuera la lluvia ha venido al valle para olvidarse de la montaña. Está invadida de una inquietud amiga de la noche, que hunde en un rumor de tristeza.
Los alacranes del recuerdo regresan a ella de la lejanía. Los sauces de sus pensamientos, vestidos de tanta lluvia misteriosa, despeinan su cabellera dando suelta a la nostalgia. Ahora, solo siente no ser yedra en el cuerpo del que fue durante el último verano, su tórrida pasión.
El amor como un río azul, acarició las orillas de su vida, pero, al final desapareció en el mar del olvido.
Y yo sin paraguas.

ATHO