11 junio 2009

BESTIARIO

Cuando vio aquella sirena de hermosas trenzas, cuerpo de doncella hasta el ombligo y cola de pez, fue tan fuerte su impacto amoroso, que la magia prendió en su corazón antes de que llegara de un coletazo a su lado, fue como el veneno de la serpiente alada de Arabia, tan fuerte, que la muerte sobreviene antes de sentir la mordedura. Sobrevino el amor antes de sentir su cercanía.
Los arcos y flechas que lleva el sagitario han caído al suelo. No deja de piafar. La sirena de espléndida figura ha iniciado un dulce canto. La tormenta que se acercaba huye. El centauro, inclina sus patas delanteras, no puede aguantar el prodigio de la canción, ni la hermosura de sus brillantes pechos. Por fin cae sumergido en un profundo sueño. La sirena se lanza sobre el cuerpo mitad hombre mitad caballo y lo despedaza.
Un unicornio ha contemplado la escena. Ha acudido al olfatear la virginidad de la sirena. Su sola contemplación le produce sopor y, antes de caer en un profundo sueño, es recogido en las alas que le han surgido a la sirena a la altura de su ombligo.
El aire se ha vuelto ardiente. Está sobrevolando sobre la pareja, un dragón. Inicia una serie de coletazos con el fin de golpear al unicornio y a la sirena que lo acuna. Lanza fuego por sus ojos largos. Consigue devorarlos a lengüetazos. Se queda dormido con su monumental boca, abierta llena de hileras de dientes.
Del rio Nilo sale hydros, se revuelca en el fango cubriéndose totalmente sus múltiples cabezas, y aprovechando lo resbaladizo del barro, penetra por la boca de draco, y llegando al interior, destroza los intestinos y todas las entrañas. Satisfecho, sale por el mismo sitio que entró y se sumerge en las aguas del rio.
Un águila, ya envejecida, sobrevuela el cielo que refleja el Nilo, sus ojos empiezan a ser mortecinos, pero aún le permiten ver al hydro en las profundidades de las aguas. Se lanza y los captura con sus fuertes garras, ahoga con el curvo pico las cabezas, y los lleva como alimento de sus pañuelos.
Pasado un poco tiempo alza su vuelo a una altura considerable, se incendia con el calor del sol. Sus alas arden. Pero, aún le da tiempo de volar hacia Oriente. A la vista de una hermosa fuente de aguas claras, se sumerge tres veces y sale en plena juventud. Al pasar por un golfo de la corriente marina, se unen a ella dos grifos de la zona de Hiperbórea. Sus patas de león sujetan cada uno de ellos un buey vivo. Antes del anochecer se han separado, los grifos se dirigen a un lugar inaccesible a custodiar oro y piedras preciosas. El águila, a mirar el sol, que más luce y contemplarlo sin cerrar los ojos.
Tras conocer esta historia que os he contado, amigos, ruego no actuéis como comadrejas, que conciben por las orejas y paren por la boca. No todo lo que se capta por el oído y se lee por los ojos, debe propagarse por la boca.
ATHO
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