03 marzo 2011

AMOR SIN RETORNO


El recuerdo de lo sucedido el pasado otoño en París, es como una ventana que ilumina y ventila el desván de su memoria.
Ocurrió en un puente sobre el Sena: El silencio de sus labios, agobiaba. Se hacía insoportable, parecía cubierto de polvo, lleno de indiferencia; no quería aguantar más la mentira de sus caricias. El enigma de su mirada envolvía el sendero que lleva al límite de la locura. Tenía un vacío profundo en su alma. Su entraña gritaba tratando de borrar el silencio.
Cerca, los árboles del paseo, brillaban verde esperanza. Lejos, la Torre Eiffel, con su espada, a pesar del viento, sujetaba el azul. Resplandecía la ciudad.
¡Qué ardiente el beso! Calor, un calor íntimo, vivificador penetraba en su cuerpo con todo su fulgor. Él, durante mucho tiempo guardó estas sensaciones. Ahora, pasan nubes en racimos grises, dejando atrás un ocaso herido de ausencias. No sabe cuánto tiempo ha pasado. La llama del quinqué se está apagando. Desde aquella despedida, resuena en su alma, el crujir de sus sandalias alejándose pisando los charcos que dejaba la lluvia sobre la noche parisina.
Solo aquel beso. Y una realidad terrible, su despedida: ¡Adiós! Lo siento, no te puedo querer. Y, lo más enigmático: ¡No puedo amar entre dos soledades!
Y… se fue.
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