30 marzo 2013

HE PERDIDO LA PARTIDA

 

 

 

DESTINO CONFUSO

Es esta la calle. Mi calle. Bueno, mi calle no, la calle donde vivo. Esperaré a que muera el día. Que muera sobre este adoquinado sucio.

Más allá del camino que va al río, asoman unos poemas, son hijos de las nubes que ayer, desde la montaña al valle, nacieron llorando la tristeza del invierno.

Hoy renace el pasado. Pero no. No es el pasado, es un montón de tiempo perdido. Son dados trucados que el destino lanzó sobre el tapete de mi conducta. He perdido la partida.

Allá bajo todo es barro, un vaho de sueños tristes. Ese cuenco lleno de profecías que no se cumplieron ahoga la libertad de hoy. Solo, al nacer el día, esconde el triste murmullo que arroja su manto sobre mi existencia.

Nada. Nada muere sin su sombra. Una alondra ha pasado desviada, lejos de la tempestad sin dejar su silueta sobre los acantilados.

Los cipreses se ven sobre el resplandor del horizonte intentando cubrir la tristeza de la tarde. Todo se paraliza cuando intento despertar del letargfo en el que me sumió las últimas caricias de su sonrisa.

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