11 abril 2013

UN ENCUENTRO



 

Sentado bajo el zaguán de la noche, vino un hombre a contarme:
-Eran dos sombras del pasado... -comenzó con voz trémula y pareciendo ausente, no supe si, me hacía una petición, o una confesión.
-¿Qué quieres decirme? -Le animé con un gesto cariñoso con intención de ayudarle.
-Te lo suplico. ¡Ayúdame a encontrarlos! Ella es mi amor -su expresión era desesperada, mirada perdida y rictus de amargura en sus labios.
Cubrí con mi brazo izquierdo su espalada encorvada por el abatimiento y le dije:
-Yo soy chaman de otros males, no puedo cambiar el Destino del amor. Sé de qué y de quienes intentas hablarme. Debes saber que, ellos se quieren.
- Yo la amaba, le amo con pasión, dime, ¿Por qué me dejó?
Lo aparté de mí al mismo tiempo que le levantaba su cara para que alzara su mirada y se encontrara con la mía y...
-¿Te acuerdas de tus ásperos silencios? Tu vida siempre ha sido de trabajo y amigos. ¿Cuándo y cuantas veces hablaste con ella de ese amor que dices le profesas? Si alguna vez, recuerda, hablabas con ella, solo era de dinero y poder. ¡Vete! Tu destino está escrito en las estrellas. No podemos y menos tú, profanar el sueño que comienza para ellos -unas lágrimas cayeron lentamente por sus mejillas hasta morir en la comisura de sus labios.
-Decidme, por favor, al menos, ¿quién es él?
-Es un vagabundo de largos silencios que le habla de amor, le cuenta historias de elfos, acaricia sus manos con sus labios, sus labios con sus manos y... sueñan despiertos los dos juntos. Olvida ese amor, olvida a tu amor de ojos zarcos. Ella nunca jamás volverá.
Atravesó el zaguán de la noche y su sobra se confundió con la oscuridad. La pérdida de su amor había borrado los caminos por donde transitaba su vivir y huyó por donde solo podía, por lo más oculto. No dejó huellas, no buscó más el placer en el amor, sino en el olvido.













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