
El invierno ha llegado.
Los recuerdos de este otoño no son alegres.
Aspectos románticos, pocos.
Giran en torno a cosas vulgares.
El silencio de la montaña es denso.
Sale el sol.
Sus rayos penetran entre pinos y escriben tristezas.
Dejo de caminar.
No hay nada más en que pensar.
Ni relatos, ni poemas, ni prosa poética.
No es posible.
No puedo hacerlo.
Nadie dice que me ama, ¿debo decirlo yo?
Llevo toda la tarde muriendo de tristeza.
Quiero gritar, mas, no puedo.
Engullido por estos caminos nevados, formo parte del viento que no sabe venerar el silencio.
Atho
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