05 septiembre 2008

DESPUÉS DE UN AÑO

La alegría que siente le hace volar la imaginación. Está saliendo de la nube que le tiene frustrado. Se queda de pié sin saber qué hacer. Su deseo es besarla.

Lleva un año esperando este momento. No cree en los milagros. Cierra y abre continuamente sus ojos. Ella ha acudido a la cita. Una fuerza desconocida lo inmoviliza: No hay otro remedio –piensa- , debo abrazar, besar y, sentir esa atracción sexual que, desde hace un año no he sentido en ningún momento con mujer alguna.

Y materializa su pensamiento. Sí. Tiene la sensación de que suena una melodía suave que espanta los fantasmas de la duda de ese amor perdido.

¿Cómo el amor puede reducirse a un tiempo tan corto? ¿Sucede muchas veces? Ella, no le ha pedido que la bese, no puede. No le resulta fácil, pero, le miente.

Ella tiene el rostro iluminado, no de amor, sino porque… ¡ya no lo necesita! Ojos cerrados y labios entreabiertos reciben la pasión del que fue, hace un año, su primer amor. Y ahora, tal vez, lo quiera, pero… falta esa fuerza vital que es el erotismo y el deseo.

¡Abrázame! –exclama él. Nada.

Cuando abre los ojos, él ya no está. Piensa que a lo mejor el primer amor no es más que eso.

El amor huye como la gacela, embiste como el toro, se hace el muerto como el escarabajo y se somete con gestos a otro amor dominante, como el lobo

ATHO

Publicar un comentario