16 abril 2008

NO TENGO NINGÚN RELATO

No tengo ningún relato terminado. Todos empiezan bajo leyendas de una sola mentira. Iba tras una historia de las oscuras ambiciones de unas sacerdotisas que oficiaban a un sol fantasma que, iluminaban con sus ceremonias sexuales, una senda de madreselvas llena de disparates, pero…
Esta calma viene de la tristeza de antaño que, entre las rocas de mi memoria, desde el principio de esta primavera, brilla siempre gris. Ahora, los gorriones de mis pensamientos, se esconden tras la hojarasca de unas páginas arrancadas de un diario escrito por el escorpión que envenenó mi alma. Por eso no puedo escribir. No se escribir bajo el caos de mis pensamientos. Solo, castillos derruidos; nubes como faldas de bruja; avispas acurrucadas en troncos de árboles muertos; pergaminos dorados, herméticos, sin saber leer la última voluntad del faraón que traicionó a los dioses…
El murmullo de la escarcha acuna las buganvillas y, no siento nada, no tengo inspiración poética. Mis palabras son como la recta asíntota, se aproximan a la curva del poema hermoso, sin alcanzar a tocarlo, solo la esperanza de acariciarlo en el infinito.
ATHO

08 abril 2008

LUISITA

En el recodo de la luz plateada, donde no llegan las sombras, los árboles de la plaza San Francisco acarician el frescor de un silencio eterno que muere en el puente que abraza al río perezoso.
Hace años, el abuelo Pepe, besó una flor de cerezo, y pidió un deseo, lo arrojó al rio Vero, y el amor llegó con el viento.
Ahora sobre las callejas de su alma, caen como gotas de lluvia, los recuerdos perdi­dos. Brillos irisados que alumbran los aljibes de su memoria.
Un mar de luna cubre la ciudad en la noche sortílega de las Fiestas Mayores; se refleja en los cristales de las ventanas de las calles, despiertas a esa horas, brillantes estrellas de artificio que estallan en las fuentes del Vivero, señalan el final de los festejos.
Por unos momentos, Pepe, camina al borde de la realidad, entre luz y tiniebla. No tiene sombra. El tiempo se ha detenido. Tiene la sensación de haber regresado del oráculo de Delfos, tras la guerra de Troya, que fue su vida profesional. De ese lugar incierto, más allá del viento del Norte, donde habitan, los guerreros del poder.
Comienzan para él las fiestas de la Tercera Cosecha. En el tránsito peli­groso del pasado al futuro, quiere olvidar las torturas de los egoístas, los ramalazos de los necios, las coces pétreas de los envidiosos.
Quiere soñar. Ilusionarse con una idea. Diseñar una utopía. Practicar el pensamiento, el conocimiento y la comprensión.

Luisita, su nieta, tira de su mano y le devuelve a la realidad.
-Yayo, ¿como se llama este río?
-Vero.
-¿Por qué se vacía?
-Sus aguas vuelven al mar, donde nacieron.
-¿Como tú, yayo?

-Vamos a casa, yaya nos estará esperando para ir al Coso.
-Mañanas te haré una gran pompa de jabón. Entrarás y verás el mundo de colores.
-¿Como saldré?
-¡Dándole una patada al Arco iris! Pues tú, Lui, eres con tu sonrisa, el color de un mundo feliz.

ATHO

01 abril 2008

SÍ, ESO FUE

Ya no hay musgo
no puedo irme.
Y…
Me acordaré de ella, sin su sombra.
Solo ruido de mar.
Bosque.
Lluvia.
Bajo la bóveda le amé.
Entonces, un camastro de frases obscenas.
después…
La luz y el grito
… amor.
Se escucharon suspiros y silencios.
El cielo cayó sobre nuestros cuerpos.

ATHO