19 marzo 2010

SIN TON NI SON


Todo gravita sobre los ojos azules de las cosas que no sabemos. El pasado, revienta en las ramas de los álamos que crecen en la rivera de los ríos para acompañar la melodía acuática del cauce. El sol no puede espantar las sombras de la bodega del alma que empiezan como un sueño dorado y acaban en locura. Los lápices se amontonan sobre la mesa, nadie los utiliza, ni poetas, ni dibujantes, ni críticos. Ya no existe el arte. La dama de la esquina no es ninguna prostituta es la mujer que busca limosna de amor. En el límite, allí donde se juntan las nubes y el mar, la línea nos es recta, forma figuras de ajedrez, rojas y verdes, ¿quién juega? El reloj de pared ha parado en las 13 horas, 44 minutos, 5 segundos. Todo esto sucede en este momento, momento que se escapó del tiempo anterior y no sabe encontrar su sitio. Al ratón de mi ordenador le ha salido una cola larga, larga como la cuerda del tendedor de ropa de la vecina del tercero. La del quinto derecha se dejó colgada unas bragas rojas, seguramente son la que se puso el día de fin del última año. Hoy he dormido 112 minutos, el mismo número que hay que marcar en emergencia. Un sudoku de números romano no deja de moverse sobre la página del The New York Times que está leyendo un turista en pantalón corto y sin camisa, enseñando un tripón con un tatuaje que se puede leer “TWIT”, acaso será consecuencia de la crisis de EE.UU. Nada es indescriptible. Amén.
¿Qué os intriga? Ya sé. Pensáis que Atho se ha vuelto tarumba. Que lo escrito en el principio de este escrito, es iliterario el párrafo, o que él es iliterato. Pues… sí, tal vez tengáis razón.
Tanto relato mitológico – mágico, tanta prosa – poética, vale. Pues ahora he tratado de pergeñar un irracional surgir de ideas de mi mente, sin pensar, sin racionalizar, sin…
Ah, me olvidaba: Agradezco los comentarios a mis notas sobre otoño, y sobre la otra que… no me acuerdo.
ATHO
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