15 septiembre 2010

EL VIENTO SE CUELA ENTRE LOS PINOS




El viento se infiltra ente los pinos y, cuando llega a la cumbre del monte, se lanza otra vez sobre el valle, donde el río, tras huir de los arañazos del juncal, mueve la rueda del molino. Las sendas que conducen a las bordas pequeñas y grises, están limpias de sombras y ruidos. El pueblo es un gigante mudo. Hace mucho calor. Es la hora de la siesta. Solo se oye el croar de las ranas.


A media tarde, el pueblo, despierta entre campos de trigo, los gorriones, bajo los aleros, y los niños, en la calle, juegan al escondite. Trinos y risas, espantan el tedio.


Andrés se sienta en el pedrizo que hay junto a la puerta de su casa. No ha podido dormir. Parece contemplar las ramas de un nogal seco, muerto por la caída de un rayo el pasado año. Piensa: Era su religión. Y yo, esclavo de sus hechizos. En realidad, nunca he sabido, donde aprendió esa extraña manera de amar, de acariciarme. Su mirada hablaba en otro idioma. Bebía mis besos entre gemidos y espasmos. Despertaba junto a mí con labios agotados, cubiertos de una sonrisa hipócrita. ¿Migajas amargas? ¿Comedia oscura? ¿Quién me liberará de su poderosa influencia? ¡Cómo pesan sus mentiras!


Multitud de nubes como ramas a la deriva, empiezan a surgir en el horizonte. La noche se acerca, Las luces de la aldea devora las sombras de la calle. Andrés siente las briznas de la luna sobre su piel. La joven luna, comprende sus sentimientos y su silencio. Y él, empieza a arder como una salamandra acariciado por su luz. La luna le ama, le conquista. Esta noche desea dormir con ella.


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