11 octubre 2010

Y...



Y, si yo no te olvido, qué.
Ya no recuerdas el desierto de tu piel que transformé en un oasis con mis caricias.
Y no era primavera.
Y, tan poco cada beso silencioso y profundo que me hacía temblar como las alas de un gorrión herido.
Y tú de piedra.
Y ni aquel humo de una barrita de incienso bailando al compás de nuestros silencios, mientras la campana del monasterio anunciaba el crepúsculo de un día sin sol, y los dioses nos despachaban del Paraíso.
Y yo quería que fueras feliz.
Y te fuiste al otro lado de las montañas, ya no te he vuelto a ver, pero, no tengo remordimiento: te dije que te quería.
Publicar un comentario