12 julio 2011

INTENTO ESCRIBIR



El anochecer viene incendiando las límpidas aguas del río Nata, como si el último sol anaranjado se bañara desnudo. La tierra está preñada de frutos. Las espigas de trigo adoran a las amapolas, rojas como la vergüenza o como la ira.
Los vencejos se acurrucan en las oliveras olvidando su vuelo, mientras, miran extasiadas la horquilla de su cola.
Desde de la ventana, con la serenidad de una fotografía ocre, Pepe, ve los árboles que reciben sombras. Oscuridades que, juntas, vienen hacia sus sueños, pero, no vencen.
Los relatos del día anterior no se presentarán a pedir clemencia. Se quedaran en el rincón del cuarto, en un puñado de cuartillas arrugadas.
La tarde gris se acerca a los cristales y deja lágrimas de colores. Sus relatos dependen de que las Musas se miren en el espejo, y no se reconozcan. Los pájaros hablan en la palma de sus manos. Un bravo león de melena negra tiembla melancólico en un lecho de lotos. Alguien en el manicomio, por la ventana férrea, mira un cielo de herméticas nubes. Tiene muñecas de saltimbanqui y, afloja la oscuridad de su mente, cantando rock. Una mujer rubia sueña besos imposibles y no acierta a devolverlos a la playa preñada de atardeceres. Una gata en celo, vivísima, encendidos sus dientes, toca con su cola canciones de amor y guerra sobre un piano de plata.
Su imaginación camina por un estrecho camino que ha dibujado la rosa de los vientos, llevan el último reducto de lo sublime. Máscaras y flores silvestres se deshojan sobre sus relatos. Bosques de escritura, burbujas y lluvias mutantes, se ausentan asidas a los recuerdos, mitad luz, mitad sombra, de aquel sueño truncado: ser escritor.

-Y, la inspiración, ¡qué!-exclama.

Pepe, apaga el ordenador ante el estéril esfuerzo por conseguir un nuevo poema o relato.

-¡Dame tu sinceridad! –le responde la Musa Sin Nombre.

No se ha enterado, solo escucha el crepitar de las ramas de cajigo, que acaba de encender en el lar, y está pensando que, no ha nacido para escribir, que solo sabe soñar y, cuando llegue el cercano invierno, será feliz viendo caer la nieve sobre el nogal.
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