25 mayo 2006

ATADA A LA NOSTALGIA




Estoy atanda al recuerdo.
Es la nostalgia.
Viajo paralela al presente,
entre barrancos abismales,
llena de ausencias,
viviendo un silencio que palpita.
Quieta,
y los recuerdos más hermosos,
podridos.

Atho de Jazaria

LOS SUEÑOS DE AMOR



Los sueños siempre se van,
aceleran suavemente,
quedan solo palabras.

No esperes nada, olvida.
El tiempo es nube que seduce,
reflejo que arrastra.

Tampoco creas que ese amor tuyo
es cosa de importancia, él dijo:
No he soñado nunca.
Me marcharé.

Atho de Jazaria.

20 mayo 2006

VIVIR SIN VERTE


Qué esfuerzo resulta vivirsin verte.
Soñar un mundo feliz.
Recomponer el amor como un puzzle.
Encajas en mí,hueso a hueso.
Perturbador paisaje,te he visto,transformar todo en amor.
Sigues en mi pensamiento,
quieta,
fragmentando la niebla
que borra esta despiadada distancia.
Quiero besar esos ojos, esos labios.
No puedo.
La distancia gana.
Pero tengo tus escritosardiendo como un volcán,
porque puedo quererte.
Tu sombra vive en la esquina de mi vida
y yo vivo sin tus caricias.
¿Cómo puede ser vivir sin tu amor?
¡Sólo queda sobre las ramas secas de mi vivir
la gracia de tu sonrisa!
ATHO DE JAZARIA

SOLO

Solo…
Huía… hacia
la montaña… ausente como siempre…
en aquel roble, está el recuerdo…
tu nombre… el río…
una fecha…

Ya no huyo… solo…
frío…

ATHO

17 mayo 2006

LA VERDAD ESTABA AHÍ

La verdad estaba ahí, a mi lado, pero no la veía. Era como una leyenda, me daba la vida. Para que la primavera se convirtiera en alegría, y no en tristeza, hubiera sido necesario amar de verdad a la mujer que conocía hacía mucho tiempo.
El amor es como el pan de los sacrificios, es sacrílego cortarlo a cuchilladas.
Tengo los ojos rotos sobre hojas de hibisco entre mis manostemblorosas. Acabo de ver su imagen sagrada, desnuda, inmóvil, tras dibujar geometrías que hubieran devorado mis umbrosas pasiones. Solo queda su sombra incolora. Y la cama, vacía. Desde entonces mis góticos versos resuenan en una lóbrega lejanía.
Amamos fuera de la vida real. Tratamos de recoger perfumes del valle alejando la horca del fiemo.
Aquella tarde, la soledad de la cala, indiferente a nuestros abismos, contemplaba nuestros cuerpos. Caricias tiernas de un amor en agraz, lumbre de una hoguera que rechazaba sombras, y arropaba insulso silencio. Los surcos impuros de las sonrisas, recordaban las líneas ásperas que dejaron las mentiras que nos dijimos.
Como susurros de hechiceros, se desvanecieron agónicos, aquellos amores fingidos. Deshojábamos futuros, con nada. Fuimos raíces hundidas en un amor adocenado, tan apretado, y tan aburrido, como el más cobarde de los anónimos.
¡Aquella noche perdí la audacia! Los horizontes cristalinos me desbordan; protegen lo que adoro, y yo, impasible. Ese amor herrumbroso solo hubiera sido bruñido y estable, en el secreto.

15 mayo 2006

DOLMEN DE TELLA

Posted by Picasa

Entre viejos árboles con sudario de nieve, un nudo de nubes amordaza las últimas estrellas. El silencio del bosque, espanta los centauros de colores que duermen sobre las zarzamoras. Las mariposas que se perdieron por dédalos misteriosos en la primavera pasada, esperan la llegada de las flores de orégano, adorno de las montañas.
Los cuervos, portadores de almas condenadas, señalan el camino que lleva al otro lado del ocaso.
Perfumes de abril miran por doquier bajo un fardo de dudas, a las cigarras que custodian el umbral del paraíso. En este momento, detenido en la pureza del paisaje, recuerdo el olor de tu piel como un perro olfatea el de su presa. Y leo por todo tu vientre, los trazos trenzados de un pentagrama imposible. Son los últimos poemas de amor, que precipitan de golpe en mi tórrida pasión, una recóndita música de pétalos y lluvia para olvidar tus silencios que hozan mi alma como jabalís hambrientos. Jamás te mentí. Creí saberme adivinado. Pero, el engaño estaba a mi vera, y yo no lo veía. Se vuelve triste el valle. El pasado se pierde entre el rumor de los pinos.
Siete cuervos se han posado en el dolmen. La sombra de los cuervos es alargada, negra y misteriosa, como la del dolmen que dibuja símbolos mágicos sobre la tierra.
Jóvenes cogidas de las manos se acercan cantando. Blanca luna es su piel, cielo dormido sus ojos y mies, sus largos cabellos al viento; collares de flores rojas acarician pechos desnudos cuando la danza hechicera comienza alrededor del dolmen milenario.
Tras un corto caminar del astro Sol, los negros cuervos permanecen quietos mirando a las siete mujeres. Ni el dolmen, ni los cuervos, ni las jóvenes, ni yo tenemos sombras. El sol se ha ocultado, permanece límpida una luz rojiza, han cesado los trinos de las aves y las hojas de los árboles han dejado de temblar.
Unidas, permanecen en corro con los brazos levantados, quietas como los cuervos quietos. Todo el valle es un viento quieto carmesí, que cubre el último aliento de la tierra.
Los colores verdes del pinar se acercan en círculos seguidos por los ocres arrancados a los troncos y ramas que escapan de los azules del atardecer. Se han colocado envolviendo a mujeres, cuervos y al dolmen que brilla con fulgor de oro.
Las montañas, los ríos, el valle y el infinito parece que llevan, olvido, tristeza y desolación. Torbellinos de color y silencio, son últimos suspiros en la orilla de la eternidad.
La noche está llegando de puntillas, la luna grande da tintes de tragedia bordada con rayos blancos que cada vez se hacen más espesos.
Todo estalla. Los colores retornan a su sitio, los cuervos inician el vuelo. Las muchachas camino del río se sumergen en el agua y se convierten en espuma que acaricia piedras y orillas, y yo regreso.
Los gorriones con sus vuelos anárquicos y sus trinos de despedida, alegran la campiña, que presenta un aspecto hermoso con el color esmeralda de una espléndida cosecha.

ATHO

DESDE AQUÍ


Qué lluvia.
Qué bóveda fugaz.
Qué hayedos silvestres.
Nigromantes fatuos nivelan trigos y sangre,
recortes de sombras, vellocinos de humo.

Se dilata el vórtice del azul,
me desplaza del cerro a la estepa.
Todo gira en el eco,
sueños, buitres, palabras.

Solo es amor, y torrente de promesas.
Devolveré la pócima, que no el alambique.
ATHO

COLORES VITRALES

Posted by Picasa
Un grito, descarriado en el abismo de aquel amor no confesado, se hizo cruel.
El eco despertó medusas que dormían en el palacio de las pasiones, tanto tiempo olvidadas.
Todo comenzaba a cambiar.
La duda arañaba la fuerza para amarla con la intensidad que ella le estaba pidiendo.
¿Cómo pudo prometerle, en aquella fiesta de vino y rosas, bellas noches de amor y sexo, si no estaba seguro de poder cumplir?
Los “jeans” seguían atrayendo su mirada.
Pensamientos apasionados, desbordados, crecían rojos y negros, como amapolas entre apretados trigales, sobre la espléndida figura de aquella mujer que, desde este verano, compartían el mismo apartamento de Montmatre, sin intimidad alguna.
Parecía el final de la senda que, entre sombras amarillas de un desierto preñado de vientos estériles, conducía por fin a la cumbre de fulgor y quimera, que le permitía ver los albores de un amor tan necesario para recuperar su autoestima.
En la espesura de los últimos enigmas planteados en relación a su nueva aventura amorosa, brillaba la alegría de colores vitrales rotos al contemplar el cuerpo tan deseado.
La culpa de que los sauces que crecen en el lugar sagrado de cada uno de nosotros tengan la forma de fuente encantada, es de los faunos del amor. Cuando el viento de la esperanza abraza con fuerza su tronco, y acaricia el caudal de sus ramas, suena una melodía que conjura el misterio boscoso del inconsciente
Hasta ahora, dormía entre sábanas de amores muertos, bajo el fresno silvestre del olvido. Pero como siempre, la primavera vuelve al reclamo de los alisos florecidos.
Caminaba deprisa, siempre con prisas tras el amor corriendo, y no sabía que lo llevaba a su lado.
Esa sombra, ese amor que le ahogaba en silencio, era ahora, tierra sin pisadas, compañía que inquietaba su vida: flor silvestre de un jardín olvidado, burbujas de colores, luciérnaga, mitad luz, mitad sombra.
Los árboles del bosque dormitaban sin viento. La vieja luna, sobre las aguas mansas de los ibones, jugaba con las sombras de los pinos. Su alma se inquieta. Sin navegar en los mares del pútrido pecado, sin relinchar de pasión, desea dormir en el regazo de sus gemelos albinos, besar el ombligo elíptico que da paso a un laberinto sembrado de temblores. Le angustia no navegar por el proceloso pubis que, noche tras noche, duerme sobre su vientre de luna llena.
Allí, cerca del cielo, en el apartamento compartido, deseba morir consumido por el fuego de la pasión juvenil que le ofrece su bella compañera.
ATHO

14 mayo 2006

NO TENGAS MIEDO A AMAR

Chorche deseaba oír el crujido de las hojas ocres que divisaba desde la ventana. La oscuridad de la habitación le comprime aún más ese pensamiento. Una espesa niebla que estremece el amanecer no deja ver como duerme el horizonte rojo sobre los viñedos.
El instinto sexual de Ofelia, después de tanto tiempo sin sentirlo, se adueña de su cuerpo, y se prepara para recibir las caricias de su amado Chorche.
Empieza a llover. Un sapo, con la lentitud de un monstruo, salta desde la verja de la pérgola al pozo vestido de hiedra.
Toda aquella indiferencia infinita que siempre aparecía en momentos idénticos, se había convertido para él en una pesadilla.
No sabe como amar.
Surgen colores que alteran el paisaje haciéndolo bello. Un gato negro subido en un banco de la alameda, maúlla, cruza el camino que lleva al río, y no lo estropea.
Ella sigue tumbada en la cama solo cubierta con los primeros rayos de luz que se cuelan peleando con la oscuridad.
Parece trágicamente ansiosa. Chorche, se sienta a su lado decidido a romper el maleficio.
Cuando se busca algo, en alguna parte, en el laberinto del amor, siempre ves llorar a alguien con el llanto de los poetas.
¿Cómo puede Chorche, pues, encontrar el camino que le lleve a la pasión de Ofelia?
Por fin el día escancia rojo vino sobre el paisaje. Los pensamientos que fermentan silenciosos como fiemo que humea fétido, se diluyen con la visión de la figura de Ofelia, tan cerca, y tan palpitante.
Las caricias que está recibiendo del hombre que ama, le producen un cosquilleo de alas de mariposa, los temblores de placer le hacen tambalear las columnas de sus muslos, hasta ese momento, guardianes de su templo de amor, alejado de esos misteriosos y obscenos callejones de la lejana ciudad.
Chorche y Ofelia se besan. El gato negro se ha colada por la ventana. Tumbado sobre uno de los bancos de madera que limitan el lar, los mira con la cabeza apoyada en sus patas delanteras.
De las pupilas de la pareja saltan relámpagos que se cobijan en el sagrado territorio de sus sentimientos más íntimos, y se funden amor y sexo.
El viento que viene del bosque donde se posan las brujas, no consigue interrumpir el ritual de los cuerpos de Chorche y Ofilia.
El gato negro se ha dormido.

José Álvarez “ATHO”
11-03-2006

JARO



Girón coralino de intenciones depuradas. Látigo delimitador de gestos desordenados. Jeroglífico caliente, misterio elemental.

El lobo comprende la escena colorista.

Juncal inflamado que rechina bajo el sol. Horrible penacho de niebla que oculta, entre los islotes boscosos, el lecho de amor del viento de marzo que gira sin parar. Eterna huída de un silencio sepulcral.

Sobre un tejado de pizarra negra, en el alero, nidifica una oscuridad gatuna. Es el azar, que se sabe carcelero de las sensaciones de libertad, deseada por la esperanza olorosa.

El único trazo verosímil de esta fantástica historia, es que, hace olvidar el temor de la profecía. No entendía como un poema de amor le hizo regresar del Apocalipsis.

El bosque quimérico de sus sentimientos, testigo miedoso del río de amor que lo atravesaba, no eliminaba la duda. Por eso fingía, como un ladrón de sombras, un opalino regreso a la pasión de otro tiempo. Mas, ese claro color de viento, golpeaba gélido la taberna umbrosa de su corazón escarmentado.

Andar, vivir, evadir, sufrir, juegos lentos, parpadeos de gusanos de luz, terminar los días más sagrados junto a la chimenea que acogía amores con su amante. Ritos nupciales, gritos que hieren, lluvia, juventud que huye.

ATHO